Los miedos infantiles son una parte natural del desarrollo emocional de los niños. A medida que exploran el mundo que les rodea, se enfrentan a situaciones nuevas y desconocidas que pueden generar ansiedad. Estos miedos son normales y, en muchos casos, temporales, pero es esencial que los adultos comprendan y acompañen a los niños en el proceso de afrontar y superar estas preocupaciones.
Las emociones son una parte importante en la vida de cualquier persona, ya que diariamente nos enfrentamos a muchas situaciones que nos producen unas u otras emociones. A lo largo de la vida aprendemos a identificar y gestionar cada una de las emociones; a medida que avanzamos en nuestro desarrollo madurativo y a partir de experiencias pasadas, crecemos en lo que definimos como inteligencia emocional.
Una de las cinco emociones primarias es el miedo, que es una respuesta emocional natural y adaptativa que se activa ante situaciones percibidas como amenazantes o peligrosas. Es una emoción básica que ha evolucionado como parte del instinto de supervivencia de los seres vivos y que prepara al organismo para enfrentarse o huir de una amenaza, desencadenando una serie de respuestas fisiológicas y psicológicas.
Los miedos infantiles pueden surgir de diversas fuentes. Algunos son innatos, como el miedo a la oscuridad o a los ruidos fuertes, mientras que otros se desarrollan a partir de experiencias personales o influencias externas. Los niños también pueden adoptar miedos de los adultos que les rodean, de personas de su entorno o a través de la exposición a medios de comunicación, libros o historias.
